6 de marzo de 2026
Muy buenos días. Es un honor para mí dirigirme a ustedes en esta mañana tan especial. Les saludo con profundo respeto:
Maestra Alejandra Hernández Acosta, rectora de la Universidad Abierta para Adultos.
Licenciado Rafael Evaristo Santos Badía, ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología.
Y con ellos, a todas las autoridades que nos honran con su presencia, invitados especiales, señoras y señores y, sobre todo, a ustedes, los protagonistas de esta jornada, les reitero: muy buenos días.
Al ver estos 1,985 rostros, no veo solo profesionales; veo historias de superación, de pura resistencia. Antes de hablar de éxitos, quiero que sepan que hablo su mismo idioma. Sé lo que es pasar trabajo, lo que es no tener para el pasaje y lo que es llegar al final de un mes sin saber si tendría el dinero para pagar la matrícula del siguiente semestre. También lloré pensando que no podría, que el camino era demasiado empinado para una joven humilde de San José de Ocoa.
Por eso sé que ninguno de los que está hoy aquí, vestido con esa toga y ese birrete, llegó solo. A los padres que trabajaron doble turno, a los esposos y esposas que asumieron todas las cargas del hogar para que ustedes pudieran sentarse frente a una computadora, a los hijos que tuvieron que esperar por un abrazo porque «mami o papi estaban estudiando»… a todos esos familiares que fueron los cómplices silenciosos de este éxito: esta graduación también es de ustedes. Pido un fuerte aplauso para esas familias que hoy ven su sacrificio convertido en un profesional.
Miren a su alrededor. Lo que ven hoy no es solo una ceremonia; es el resultado de una batalla ganada. Ustedes no son graduados convencionales. Muchos de los que aquí están estudiaron mientras trabajaban, mientras criaban hijos, mientras resolvían los problemas del día a día. La Universidad Abierta para Adultos (UAPA) les enseñó a ser autogestionarios, pero la vida ya los había hecho resilientes. Hoy, ese sacrificio se convierte en un título.
Quiero compartir con ustedes tres lecciones:
Lección #1: Aspiren a ser útiles, no solo importantes
A lo largo de mi carrera, he ocupado puestos que muchos calificarían de «importantes». Me he reunido con presidentes, con reyes. He estado en salas de juntas en Nueva York; he dirigido instituciones financieras en nuestro país. Y en esa trayectoria he aprendido una distinción vital: es mucho mejor ser útil que ser importante.
La «importancia» es a menudo una máscara del ego; se alimenta de títulos, de lujos y de quién tiene el escritorio más grande. Pero la importancia es frágil y se olvida. La utilidad, en cambio, es servicio. Ser útil es tener la capacidad de resolver, de aliviar la carga de otro, de transformar una comunidad o un país.
No salgan de aquí buscando solo un estatus. Salgan preguntándose: “¿Cómo puedo ser útil para mi país con lo que aprendí en la UAPA?”. El éxito real no se mide por cuánto espacio ocupas en una oficina, sino por cuánto valor aportas a la vida de los demás. Y la verdadera grandeza no se mide por cuántas personas están debajo de ti, sino por a cuántas personas ayudaste a subir contigo.
Lección #2: La integridad es su mayor activo
Estamos viviendo tiempos desafiantes. En nuestra sociedad dominicana, a veces parece que se ha normalizado la cultura del «atajo», del «cuánto hay pa’ mí» o de que el éxito rápido justifica cualquier medio. Se nos quiere convencer de que el que actúa con ética es un tonto.
Hoy les hablo con el corazón en la mano y con toda la firmeza de mi experiencia: nunca, bajo ninguna circunstancia, negocien su integridad. A lo largo de mi carrera, en varias ocasiones me han ofrecido hacer lo mal hecho. Muchas veces tuve frente a mí el camino fácil, ese que promete riquezas rápidas a cambio de la conciencia. Pero cada vez que me vi en esa encrucijada, pensaba en mis padres y pensaba en mis hijos. Pudiera tener hoy muchos más bienes materiales de los que tengo, pero siempre elegí hacer lo correcto.
Escuchen bien: en Wall Street aprendí que los números se pueden arreglar, pero la reputación, una vez rota, no hay cómo repararla. No hay dinero en el mundo que compre la paz de mirar a sus hijos a los ojos y saber que su apellido está limpio. He visto imperios financieros caer y reputaciones de décadas destruirse en un segundo por una mala decisión ética. Su título dice que son licenciados o ingenieros, pero su comportamiento dirá quiénes son realmente como seres humanos.
En un sistema que a veces parece fallar, ser una persona íntegra es el mayor acto de valentía. Ser honesto es el acto de rebeldía más grande y necesario. Prefieran siempre una carrera lenta con la frente en alto, que una carrera rápida que les haga arrastrar su conciencia. No permitan que la presión social o la ambición ciega manchen el título que hoy con tanto orgullo reciben.
Lección #3: El compromiso con un mejor país
Recuerden que el logro que hoy alcanzan conlleva una deuda de responsabilidad con su patria. República Dominicana no necesita más personas que se quejen en las redes sociales; necesita profesionales que trabajen con excelencia desde sus puestos. No podemos seguir sentados esperando que «otros» arreglen el país. El país se arregla en la medida en que cada uno de nosotros tenga la voluntad de trabajar con excelencia para crear una mejor nación.
Involúcrense en sus comunidades. Si cada uno de los 1,985 profesionales que están aquí hoy decide ser un referente de ética y trabajo duro, mañana mismo tendremos una nación distinta. Ahora les toca a ustedes ser los guardianes de esa esperanza para los que vienen detrás.
Para terminar, quiero decirles que el camino no siempre será fácil. Habrá días en que duden de su capacidad. En esos momentos, recuerden de dónde vienen. Recuerden el esfuerzo que hicieron para pagar su matrícula, para entender esa materia tan difícil, para llegar hoy a este salón.
Graduandos, ustedes son hijos de la voluntad. Vayan y demuestren que los profesionales de la UAPA son gente de trabajo, gente útil y, sobre todo, gente hecha de un material que no se dobla ante la injusticia.
¡Vayan a trabajar por sus sueños!
¡Vayan a trabajar por nuestra amada República Dominicana!
¡Muchísimas felicidades!
